ESTRATEGIAS DE ALIMENTACIÓN DE LAS AVES LIMÍCOLAS.
Todas las decisiones que toman los animales tienen una motivación energética, de ahí que alcanzar y mantener un nivel óptimo de bienestar o fitness pasa por sacar el mejor provecho a cada una de las situaciones. Así, los animales en general y las aves en particular deben obtener en un plazo de tiempo razonable un balance energético adecuado para subsistir y seguir, por así decirlo, adelante.
El balance energético, al igual que ocurre con una cuenta bancaria, tiene dos componentes principales: unos ingresos, originados principalmente por la ingesta de alimento y unos gastos, provocados en su mayoría por la propia actividad del ave. El resultado final, el saldo, es lo que resulta de la diferencia entre ambos pudiendo obtener así un saldo a favor, que no suele ser lo más corriente y que por lo general se emplea para crear reservas energéticas para diversos menesteres.
Normalmente, toda esa energía “sobrante” suele transformarse en depósitos grasos que funcionan como verdaderos reservorios de combustible desempeñando un papel fundamental en la vida de muchas especies, sobretodo de aquellas que viven o frecuentan ambientes con cambios drásticos de temperatura, ya no sólo con los cambios de estación sino incluso con diferencias térmicas significativas en el mismo día.
En pocas palabras y centrándonos en las protagonistas de este artículo, las limícolas, decir que deben encontrar la forma de obtener un balance (saldo) energético positivo que le permita subsistir ante las condiciones que se les presentan. Esto, dicho así, parece tarea fácil, pero nada más lejos de la realidad. Debemos tener en cuenta que, para estas aves, llegar a ver la luz del día siguiente es todo un reto ya que tienen que hacer frente a una infinidad de factores, tanto los propios de un ambiente tan hostil como el costero, como los externos, propiciados generalmente por la actividad humana, interesada también es este tipo de ecosistemas.
A las condiciones ambientales (temperatura, viento, humedad, lluvia, etc) que generalmente afectan directamente a las poblaciones de invertebrados que sirven de alimento a estas aves hay que añadirle otros factores que juegan en contra y que se presentan a la hora de querer mantener los recursos. Caben destacar la competencia, tanto intra como interespecífica, la presencia de depredadores y la propia actividad del ave (gastos causados por correr, volar, caminar en busca de comida…).
A través de la evolución, estas aves han aprendido a asumir ciertos gastos a cambio de obtener ciertas ventajas. Por ejemplo, el estrés (y el gasto que conlleva) que le produce comer en bandos muy numerosos, aumentando así la competencia, lo asumen a cambio de reducir la probabilidad de ser capturados por un depredador.
Pues bien, la pregunta que surge ahora es ¿cómo afrontan las limícolas todas estas adversidades y consiguen un saldo favorable en su cuenta corriente? Las limícolas, como otros muchos grupos de aves, cuentan con dos grandes armas para sacar el máximo provecho del ambiente en el que se encuentran: su plasticidad a la hora de buscar alimento y su movilidad.
![]() Andarrios chico | ![]() Correlimos oscuro | ||
La primera de ellas, la forma de buscar alimento, es sin duda alguna, la que realmente les saca las castañas del fuego. Una especie generalista, es decir, aquella que come de casi de todo y no se para en demasiadas exquisiteces, como es el Andarríos Chico, Actitis hypoleucos, obviamente lo tendrá más fácil que otra que sea más especialista, como puede ser un Correlimos Oscuro, Calidris marítima, mucho más exigente a la hora de elegir qué llevarse a la molleja
Profundizando un poco más, la propia evolución ha llevado a estas aves a desarrollar modificaciones importantes en determinadas estructuras anatómicas como el pico y las patas dando origen a una amplia variedad de longitudes de éstos entre las diferentes especies e incluso entre sexos. También los ojos se han modificado, en algunas especies para poder desenvolverse en condiciones de escasa luminosidad. Todas estas modificaciones están dirigidas a sacar un mayor provecho del medio y a reducir el solapamiento entre especies a la hora de buscar alimento. Pero vamos a ver estas modificaciones en las especies que tanto conocemos.
Si vamos a cualquier zona donde podamos observar un número variado de especies de limícolas, de un solo vistazo podemos ver que hay tres o cuatro grupos de limícolas atendiendo a la forma de alimentarse (de buscar y obtener el alimento). Está claro que cuanto más diverso es el lugar en cuanto a número de hábitats diferentes, mayor será el número de grupos distintos de alimentación. Yo distinguiría dos grandes grupos, los depredadores (porque realmente es lo que son, depredadores) táctiles y los depredadores visuales.
![]() Agachadiza común | ![]() Agujas colipintas | ||
![]() Correlimos común | ![]() Vuelvepiedras | ||
En el primer grupo se incluyen los correlimos, agachadizas, agujas, zarapitos, archibebes y andarríos, es decir, la mayoría de las especies de la familia Scolopacidae. Estas especies se caracterizan por tener picos largos y ojos pequeños. En este sentido, es curioso cómo la elongación del pico se ha desarrollado en detrimento del tamaño ocular o viceversa. Los depredadores táctiles han desarrollado una gran sensibilidad en la punta del pico gracias a la elevada densidad de células sensoriales (Corpúsculos de Herbst) alojadas en esta zona. Aunque estas especies pueden capturar sus presas en la superficie del sustrato, suelen hacerlo hundiendo el pico en él (sondean), de modo que por decirlo de alguna manera buscan y capturan sus presas “a ciegas”.
![]() Chorlitejo grande | ![]() Chorlitejo patinegro | ||
![]() Chorlito gris | ![]() Bando mixto de zarapitos y chorlito | ||
En el otro gran grupo, el de los buscadores visuales, englobaríamos a chorlitos, chorlitejos, avefrías y alcaravanes, es decir, las especies de las familias Charadriidae y Burhiniidae. A estas especies les ha ocurrido, evolutivamente hablando, lo contrario que a las del grupo anterior de modo que sus picos son significativamente más cortos y sus ojos mucho más grandes. Estas especies no sondean sino que capturan los invertebrados que se encuentran en la superficie. Es muy característico el “modus operandi” de estas especies que se resume en un “observar-dar pasos-capturar-observar-dar pasos-capturar-observar…”.
Todas estas especies son, al igual que otros grupos de aves como las anátidas y las ardeidas, excelentes cazadores nocturnos. A parte del tamaño ocular al que hacíamos referencia antes, la capacidad para desenvolverse bien en condiciones de escasa luminosidad viene dada por la elevada densidad de un tipo de células fotorreceptoras denominadas bastones. Parece ser que las especies que poseen un tamaño ocular mayor (y picos cortos) como los buscadores visuales, presentan una densidad mayor de este tipo de células que los buscadores táctiles, pero estas diferencias no están todavía claras. Por diferentes motivos (menor depredación, temperatura más agradable, mayor disponibilidad de presas, etc.) muchas especies prefieren alimentarse de noche (hipótesis preferente). Otras, sin embargo, lo hacen sencillamente porque no les queda más remedio (hipótesis suplementaria).
Muchos aspectos de la ecología trófica de estas especies siguen siendo un misterio puesto que el número de combinaciones entre las características morfológicas de cada una de las especies, las circunstancias ambientales a las que se ven sometidas y las necesidades de cada una de ellas se hacen casi infinitas.
Espero, al menos, haber ofrecido al lector una visión diferente a la habitual cuando observaba limícolas y que, al menos ahora, lo que antes le parecía un caos de limícolas comiendo sin ton ni son y por doquier ahora entienda un poco que ese caos no es tal y que las aves hacen lo que hacen porque tienen sus motivaciones, aunque éstas sean energéticas.
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